Contra el reloj - Sebastian Salazar Bondy


Los relojes se paran a la una o las doce,
tienden sus alas de metal
y caen como alcatraces,
y el hombre no sabe qué hora es la suya,
cuál es el plazo de su palpitación y su amor.

                  
Poemas como estos caen bien un viernes por la tarde mientras repasas el trajinar diario de la semana, mientras miras hacia atrás y te das cuenta que tu vida se va por senderos impensados. Y te preguntas y te asombras de cuan impredecibles son los caminos y los encuentros con las personas.

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