Las Bienaventuranzas de César Vallejo“Traspié entre dos estrellas”

Las Bienaventuranzas de César Vallejo“Traspié entre dos estrellas”
Autor: Javier D. Sánchez Ayte


[1]¡Hay gentes tan desgraciadas, que ni siquiera
tienen cuerpo; cuantitativo el pelo,
baja, en pulgadas, la genial pesadumbre;
el modo, arriba;
no me busques, la muela del olvido,
parecen salir del aire, sumar suspiros mentalmente, oír
claros azotes en sus paladares!

[8]Vanse de su piel, rascándose el sarcófago en que nacen
y suben por su muerte de hora en hora
y caen, a lo largo de su alfabeto gélido, hasta el suelo.

[11]¡Ay de tánto! ¡ay de tan poco! ¡ay de ellas!
¡Ay en mi cuarto, oyéndolas con lentes!
¡Ay en mi tórax, cuando compran trajes!
¡Ay de mi mugre blanca, en su hez mancomunada!

[15]¡Amadas sean las orejas sánchez,
amadas las personas que se sientan,
amado el desconocido y su señora,
el prójimo con mangas, cuello y ojos!

[19]¡Amado sea aquel que tiene chinches,
el que lleva zapato roto bajo la lluvia,
el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,
el que se coge un dedo en una puerta,
el que no tiene cumpleaños,
el que perdió su sombra en un incendio,
el animal, el que parece un loro,
el que parece un hombre, el pobre rico,
el puro miserable, el pobre pobre!

[28]¡Amado sea
el que tiene hambre o sed, pero no tiene
hambre con qué saciar toda su sed,
ni sed con qué saciar todas sus hambres!

[32]¡Amado sea el que trabaja al día, al mes, a la hora,
el que suda de pena o de vergüenza,
aquel que va, por orden de sus manos, al cinema,
el que paga con lo que le falta,
el que duerme de espaldas,
el que ya no recuerda su niñez; amado sea
el calvo sin sombrero,
el justo sin espinas,
el ladrón sin rosas,
el que lleva reloj y ha visto a Dios,
el que tiene un honor y no fallece!

[42]¡Amado sea el niño, que cae y aún llora
y el hombre que ha caído y ya no llora!

[44]¡Ay de tánto! ¡Ay de tan poco! ¡Ay de ellos!


Este poema fue terminado de escribir el 11 de Octubre de 1937, así pues forma parte del último grupo de la obra poética de Vallejo. Menciono esto para poder situarnos en la coyuntura “existencial” en la que se encontraba el poeta. Stephen Hart en su libro “Religión, Política y Ciencia en la Obra de Vallejo”1 sostiene que hasta Junio de 1936, nuestro vate expresa en sus escritos un profundo desengaño político (y también metafísico2). Asimismo Ricardo Gonzáles Vigil3 nos recuerda que a partir de julio de 1936 con el estallido de la Guerra Civil de España Vallejo se entregó con fervor a defender la República. Hart concluye finalmente que este período final del poeta se caracteriza porque parecen unirse el marxismo y el cristianismo4. Es así que para este crítico “…los temas cristianos están presentes en ambos libros de versos. Sin embargo mientras que en PH los tema tales como la esperanza, la salvación y el amor se tratan irónicamente, en EAM estos mismos temas se expresan como hechos positivos y reales”5. Si bien, nosotros, en el caso del poema que vamos a analizar aceptamos una cuota de ironía no nos eximimos de añadir que se trata de una ironía que reformula y es propositiva. Irónica pues parafrasea y relativiza un texto capital del credo cristiano pero lo hace para desplazarlo de eje y proponer un nuevo mensaje. Ahora el Cristo no dice el mensaje. César Vallejo asume su lugar6. Y no anula el mensaje anterior. Lo lleva al límite. O mejor dicho a nuevos límites.

El Título

La frase “Traspié entre dos estrellas” a primera vista no nos dice mucho del poema si es que antes no leemos el poema con detenimiento. En este caso el título y el poema se iluminan mutuamente para poder aproximarnos a un sentido. Traspié puede significar resbalón o tropezón ó también zancadilla con la pierna para derribar a alguien. De cualquiera de las dos definiciones se alude a un suceso desafortunado. Un suceso desafortunado entre dos estrellas nos lleva a hilvanar aquella frase popular “mala estrella” 7.

Empieza el poema con un símbolo de admiración, con la palabra Hay y finaliza a su vez con un verso con la palabra Ay y otro símbolo de admiración. Y los dos versos  refiriéndose a una situación de dolor indubitablemente. Como decíamos líneas arriba no se puede evitar en calificar al texto como una emulación  inspirada en el discurso de “las Bienaventuranzas” de Jesús de Nazareth. Sólo que en este caso el que predica es nuestro poeta, y la montaña, donde tiene lugar su prédica no es un monte de Galilea sino la metrópoli y la meca de la Cultura Occidental en los años 30 del siglo pasado: París. Pero sólo una lectura atenta nos puede dar algunas claves para entender la Buena Nueva de Vallejo. 

En la primera estrofa el poeta hace mención de gentes desgraciadas, desafortunadas, que padecen tanto que no tienen ya ni cuerpo, pero sí cantidad de pelo (como Vallejo le gustaba usar de joven), con una genial pesadumbre, congoja, dolor. La frase “El modo arriba” separado entre puntos y comas de los versos adyacentes nos da una idea de pausa para luego descubrir ante el lector que lo persigue una gran muela de olvido, cual muela de molino que lo quieres triturar y hacer desaparecer; retoma  y continúa hablando de la apariencia de estas gentes desgraciadas: salen del aire, como espectros ó fantasmas, suspiro tras suspiro sufriendo los golpes del hambre: “claros azotes en sus paladares”.

El octavo verso nos da una clave más para acercarnos a estas gentes desgraciadas: “Vanse de su piel, rascándose el sarcófago en que nacen”. Enrique Chirinos nos aclara este verso al afirmar que para Vallejo está patente la identificación de la vida con la muerte; en la idea de que vivir es morir; en la certeza de que la muerte no es sino la vida8. Por ello podemos decir que el poeta nos está hablando de sí mismo en estos versos. Y que se duele de sí mismo en los versos 11, 12, 13 y 14, de todo de su ser: tanto y a la vez tan poco. No es difícil evitar anotar aquí que esta estrofa contiene una reminiscencia a la incertidumbre del primer poema de los Heraldos Negros: “Hay golpes en la vida tan fuertes ¡Yo no sé!”.

A partir del verso 15 empiezan las Bienaventuranzas de Vallejo: Bienaventuranzas para las orejas sánchez que funcionaría en el contexto del poema como una ironía: amados los sujetos que tienen una identidad en minúscula: sánchez y pueden escuchar físicamente, pero sólo eso: son sólo orejas, una identidad reducida a escuchar sin reflexionar críticamente;  amados todas las personas que se sientan (como espectadores de la vida); para el desconocido y su señora (que simbolizan personajes anónimos sin relevancia); para el prójimo con mangas, cuello y ojos (aquí quizá se refiera a los oficinistas por la mención a mangas y cuello, y ojos podría entenderse  como anteojos).

Amado el que tiene chinches (el miserable y sucio), el que no puede caminar bien bajo la lluvia por tener el zapato roto, el hambriento agobiado por el pan que se le acabó, el anónimo que se coge un dedo en una puerta y que no tiene cumpleaños, el que paradójicamente perdió su sombra en el momento de mayor luz y fuego como es un incendio.
Amado el que ya perdió su intelecto y su capacidad crítica y ya sólo es un animal, un loro que sólo repite lo que escucha; amado los que parecen un hombre: el pobre rico, el puro miserable, el pobre pobre; todos aquellos que dejan de buscar y asumir su plenitud humana por el afán de riqueza (el pobre rico) o la carestía de lo necesario (el pobre pobre).

En la sexta estrofa nos encontramos frente a una exclamación profundamente existencial del poeta: considera dignos de amor, bendecidos a aquellos que sólo tienen el hambre y la sed cotidiana. Y que no tienen el hambre de hambres ni la sed de sed que el sí tiene: hambre y sed metafísicos, el poeta busca incesantemente la piedra o el mendrugo o el respaldo de una certidumbre metafísica que lo nutra o lo redima 9.

En el sétimo verso nos detendremos en el verso 37: “…el que ya no recuerda su niñez”, aquí asumimos que se refiere a aquellos que han olvidado su estado de niñez, de continuo asombro y curiosidad ante la vida y que por ello son amados es decir tienen mejor suerte. Así líneas más adelante finaliza el poema con dos versos que expresan una visión humanista integradora: “amado sea el niño, que cae y aún llora” se referiría a que es digno de amor el hombre que recién empieza a vivir (un niño) y llora cuando sufre una “caída honda de los Cristos del alma”. Pero también es digno de amor aquel hombre que aunque ha caído (pecado desde la óptica cristiana) ya no llora, pues seguramente ya ha sufrido muchas caídas hondas del alma y “todo lo vivido se le empoza como charco de culpa en la mirada”. Y son dignos de amor porque fundamentalmente tienen algo en común: su caída que evidencia su humanidad.


Y a ellos también aunque amados y bendecidos por Vallejo también son destinatarios su compasión. Pero finalmente tampoco esa sensación no es completa. Vallejo es consciente que aun las personas con sus vidas anónimas y sin ejercer su capacidad crítica y sin hambre metafísica padecen dolor. Así el poeta nos transmite una caudal de sentimientos a través de sus últimos versos: “¡Ay de tánto! ¡Ay de tan poco! ¡Ay de ellos!”: amor con compasión e ironía. Vallejo asume su mala estrella pero sin embargo finalmente todos tenemos algo de ella, nadie escapa al dolor inherente a la existencia humana.




BIBLIOGRAFIA

1 Hart, Stephen. Religión, Política y Ciencia en la Obra de César Vallejo. Londres. Támesis Books Limited, 1987. 52.
2 Hart, Stephen. Religión, Política y Ciencia en la Obra de César Vallejo. Londres. Támesis Books Limited, 1987. 109.
3 Gonzáles Vigil, Ricardo. Cesar Vallejo – Poemas Completos. Lima. Ediciones Copé. 1998. 23.
4 Hart, Stephen. Religión, Política y Ciencia en la Obra de César Vallejo. Londres. Támesis Books Limited, 1987. 109.
5 Hart, Stephen. Religión, Política y Ciencia en la Obra de César Vallejo. Londres. Támesis Books Limited, 1987. 89.
6 Chirinos, Enrique. César Vallejo. Poeta Cristiano y Metafísico. Lima. Editorial Juan Mejía Baca. 1969. 42.
7 Rivero Feijoó,Juan Francisco. César Vallejo. Mito, religión y destino. Amaru Editores. Lima.1989. 97.
8 Ídem.
9  Chirinos, Enrique. César Vallejo. Poeta Cristiano y Metafísico. Lima. Editorial Juan Mejía Baca. 1969. 21.

Comentarios