Heráclito y la Confusión

Decía Heráclito de Éfeso (alrededor de 500 A.C.) en uno de los fragmentos que se conocen de él: “Hay que escuchar, cuando no se sabe ni siquiera hablar”.

En diferentes circunstancias de nuestra vida vemos pasar, fluir personajes que se sitúan a las antípodas de esta frase, personajes envueltos en desencuentros y aún en conflictos que florecen de malentendidos provenientes de palabras dichas en base a conceptos errados. Nociones erróneas de las cosas, si no son corregidas, nos llevan a falsos razonamientos y en imprecisiones que desencadenan errores más grandes y esfuerzos vanos. Por ello la importancia en el uso correcto de palabras, usar palabras inexactas para transmitir una idea transmitirán otra idea diferente…así es mejor escuchar, no hablar si no se sabe bien de lo que se trata. Es muy cierto también que este ejercicio de hablar con autoridad de algo que no se conoce se puede incorporar como estrategia personal ó social con resultados nefastos para la mayoría. A los que asumen este rol los podríamos llamar con justicia como los generadores de confusión. Confusión que cala en las personas ó grupos sociales que no tienen elementos para juzgar críticamente algún tema. Por ejemplo sabemos que en la vida cotidiana y de algunas instituciones el rumor y el chisme sirven inocentemente o no a los intereses de la intriga. Pero esta situación se ve también en los medios de comunicación, claro está que se agrandan los actores e intereses en juego: no se siembra confusión para poner en duda la bonhomía de las personas sino para restar credibilidad a los actores y grupos políticos.

He dejado la última parte de este escrito para compartir mis impresiones sobre la relación de la frase de Heráclito con la vida interior ó espiritual de cada uno de nosotros. Pienso que nuestra diaria e interminable conversación con nosotros mismos a veces se ve empañada por juicios y categorías propios, aceptados en base a una fe acrítica en presupuestos de nuestro medio social, laboral o familiar. Mas: ¿Cómo hablar inequívocamente de nosotros mismos con nosotros mismos si no tenemos elementos que nos permitan hurgar con confianza en nuestro pasado y presente? Quizá por esta dificultad el perseverar en un error de apreciación de nosotros mismos es un hábito difícil de romper salvo cuando las circunstancias nos demuestran dramáticamente lo contrario ó porque, realmente, en esencia muchas veces nuestra visión acerca de determinadas cosas, asuntos ó áreas de nuestra realidad personal no viven de sí mismas: se alimentan de emociones, anhelos, pasiones, frustraciones, prejuicios, etc. Siendo rigurosos somos seres complejos, pero sea como fuere aprendemos a vivir viviendo y aprendemos a juzgarnos a nosotros mismos juzgándonos. Es este humano ensayo y error lo que paradójicamente puede hacernos caer, pero una vez caídos levantarnos, caminar y, si están de acuerdo conmigo en usar un símbolo, elevarnos.

Javier Sánchez A.

17 de Octubre de 2010

Comentarios

Publicar un comentario