“Quien quiera ser un hombre debe ser un disidente. En fin de cuentas lo único sagrado es la integridad de vuestra mente…Todos los errores que cometo provienen de que reniego de mi situación y trato de ver el objeto no solo desde el punto de vista de otra persona”.
Estas palabras del gran disidente Ralph Waldo Emerson sorprenderán indudablemente a quienes creen que “tener en cuenta el punto de vista de otra persona “es el primer requisito para las buenas relaciones humanas.
Quizá podamos parafrasear a Emerson así:”No dejes de ver las cosas desde el punto de otra persona, pero actúa siempre de acuerdo con tu punto de vista”.
Si de la madurez se deriva algún beneficio sólido es, seguramente, el descubrimiento de nuestras convicciones, y el valor para actuar de acuerdo con esas convicciones, sin tener en cuenta quien puede salir beneficiado.
Al joven y al inexperto les aterra ser diferentes, no vestir, actuar, conversar o pensar de la manera aceptable para el grupo particular al que pertenecen. Los padres de los jóvenes de menos de veinte años se golpean constantemente sus cabeza maduras contra este hecho desconcertante:”La madre de Rally le deja que se ponga carmin en los labios.”, “Todas las otras chicas salen con muchachos de mi edad”, “¡Caramba!, ¿Quieres que sea una rareza? Ningún otro tiene que volver a casa a las once, etc…
Un niño tiene que actuar en el mundo de sus contemporáneos- lo que sus amigos y compañeros de juego piensan de él – y su necesidad de de que lo acepten es el hecho social mas importante de su vida. El conflicto entre las normas de su grupo y las que desean imponerle sus padres constituye uno de los obstáculos mayores con los que tropieza la adolescencia y un constante quebradero de cabeza para los padres como para el hijo.
Cuando sondeamos nuestro camino para seguir adelante en una situación no conocida, sin una experiencia anterior que nos guíe, lo más prudente es ajustarse a las normas generalmente aceptadas, hasta el momento en que la experiencia y la confianza nos den la fuerza necesaria para vivir de acuerdo con nuestras propias convicciones y normas. Sólo un tonto se rebela antes de saber contra qué y porqué se rebela.
Llega un momento, sin embargo, en que creamos nuestro sistema de valores propio. Descubrimos, por ejemplo, que la honradez es realmente el mejor sistema, no sólo porque así nos han enseñado otros, sino también porque nuestra experiencia, nuestra observación o nuestra inteligencia nos han demostrado que el delito no recompensa. Por fortuna para la sociedad, la mayoría estamos de acuerdo con respecto a los principios fundamentales de la vida, pues de otro modo viviríamos en un estado de anarquía absoluta.
Pero hasta los principios fundamentales se los puede desafiar a veces y los disidentes son quienes mas contribuyen al progreso de la civilización. Nadie disintió con buen éxito durante muchos siglos con el aforismo de que la esclavitud humana era necesaria y justa, hasta que unos pocos radicales de ojos huraños elevaron sus voces contra ella. La confesión mediante la tortura, la explotación infantil, el castigo cruel y excepcional, la falsificación de productos, etc., eran otros tantos abusos que en otro tiempo la mayoría aceptaba sin discutir, hasta que una minoría decidida comenzó a insistir tenazmente en su desacuerdo con todo eso.
La disidencia no es cómoda, habitualmente no es agradable y a veces ni siquiera esta exenta de peligro. La mayoría de nosotros prefiere marchar tranquilamente con el rebaño, protegido por el anonimato del número, aceptando sin discusión la guía de diversos pastores. Nos asusta la mera idea de hacer cualquier otra cosa. Pero no nos damos cuenta de que esa clase de seguridad es engañosa; nada más vulnerable que el rebaño, al que se puede dispersar en desorden en cualquier dirección…
La búsqueda de la conformidad, como la de la seguridad, termina en la esclavitud. El ser humano encuentra su verdadera libertad sólo aceptando los desafíos de la vida, lanzándose de cabeza a la lucha, teniendo que bregar para abrirse paso. Según Edgar Ansel Mowrer, famoso corresponsal de guerra y autor:”Hombres y mujeres no consiguen la integridad buscando las virtudes negativas: la adaptación, la seguridad o incluso la felicidad convencional…Consiguen la excelencia (y la felicidad más alta) aceptando las cargas. Una persona sana prospera con las dificultades, como sabían muy bien nuestros antepasados.”
“Como conservar la juventud”.
Dorothy Carnegie.
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