Poema - Primer Amor

...Y pensé que podía regalarte poesía
poesía que dijera de rosas y estrellas,
poesía que hablara de púrpuras y melifluas primaveras,
poesía que dijera: aguas cristalinas
son las palabras que tú me llevas,
poesía que dijera:
que todas las cosas que me das
son cosas bellas.

Y pensé que podía hacerlo,
y pensé que lo haría.
Si al final lo hice
fue porque te quiero,
si al final lo hice
fue porque te amo.

El poema empezaba simple
sin mucha armonía,
las letras obedecían ciegamente
sin ritmo ni melodía;
era yo un trovador de romanzas
con marasmo y apatía...
Pero en esos momentos de indolencia,
de repente mis dedos temblaron,
escapar dejaron,
motivos secretos
que en el papel se leían,
y mi canción monótona
no adormilaba más tu recuerdo,
y mi canción monótona
con tímida paciencia,
en canción de amor
se fue construyendo.

Y si dejé que fuera así
fue porque te quiero,
y si dejé que fuera así
es porque te amo.

Mas temía en mis adentros
el que este largo argüir te aburriera,
pero mi sentido aventurero (pertinaz, terco)
dejó que esta loca empresa prosiguiera,
y logré al fin y al cabo (así lo creo)
lo que mi ser anhelaba,
que fue simplemente
decirte,
decirte,
decirte,
¡cuanto te quiero!

Dice así: (el manuscrito)

...La imagino una tarde cualquiera
escuchando risueña, la música serena
que nace de algún extenso mar,
mientras navegan en su recuerdo
flores rojas y blancas,
que adornarán en verano
un gran templo de ensueño.
Su altar...

Mas sus manos frías,
me han dicho en silencio,
que mi calor no la puede colmar...
Mientras yo reclamo a Dios,
a un dios apacible y sereno;
…porque aún mis amigos
no le han podido contar;
porque aún la garúa no le ha dicho que la quiero,
si en la curva del camino,
junto a los dos robles,
lloramos
como tontos niños.
Si cuando la tarde moría en el crepúsculo,
prometí cuidarla,
con ternura y con cariño,
con ternura y con cariño.

Pero oscura, la noche llega,
y una luna blanca,
hostil me interroga
si mi amor es cariño puro,
si he logrado,
salvarme de un egoísmo humano;
que al sentir que era mía,
(a veces) en locos arrebatos he callado;
y respondo como un ritual
que en los sueños blancos,
un dios humilde de Nazareth
me ha revelado...
¡Yo la amo!
¡Siempre la he amado!

Agosto 1998

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