Quise escribir ayer un poema,
un poema,
que me acercara a usted
y que pudiera,
contarle, hablarle a usted de mí
y que narrara,
la soledad,
la inquietud infantil que en mi ser navega
desde que yo la vi,
yo la vi a usted por vez primera.
Cuenta mi memoria
desmemoriada,
que estaba usted sentada
acostumbrada,
seguramente,
a su labor importante
de empleada;
en un escritorio típico,
amarillo,
de seguro,
que a su ser sublime;
su ser sublime cobijaba.
Y el reloj marcaba con indolencia
una vez más
las diez o las once
de la mañana.
Yo cumplía con
mi trabajo normal,
mas confieso,
hoy
ante el crepúsculo,
el sol
y
las madrugadas
que ya nunca pude
recuperarme
de su mirada.
2003
un poema,
que me acercara a usted
y que pudiera,
contarle, hablarle a usted de mí
y que narrara,
la soledad,
la inquietud infantil que en mi ser navega
desde que yo la vi,
yo la vi a usted por vez primera.
Cuenta mi memoria
desmemoriada,
que estaba usted sentada
acostumbrada,
seguramente,
a su labor importante
de empleada;
en un escritorio típico,
amarillo,
de seguro,
que a su ser sublime;
su ser sublime cobijaba.
Y el reloj marcaba con indolencia
una vez más
las diez o las once
de la mañana.
Yo cumplía con
mi trabajo normal,
mas confieso,
hoy
ante el crepúsculo,
el sol
y
las madrugadas
que ya nunca pude
recuperarme
de su mirada.
2003
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