Javier D. Sánchez A. / Mayo 2004
Ahora me vienen a la mente los recuerdos de las reuniones de estudiantes secundarios en la JEC, con entrañables amigos, la mayoría ya lejanos por las circunstancias y opciones en la vida.
En aquellas reuniones hablábamos, entre otras cosas, de los espacios donde se juega la coherencia: la casa, el colegio, la calle, etc. y quizás ahora, aunque los espacios hayan cambiado, esa idea mantiene su núcleo conceptual para mí: “lo que uno predica debe estar de acuerdo con lo que uno practica”, y claro, con una referencia fundamental a la práctica de Jesús. Pero también con una referencia importante al ser humano, a aquella dimensión humana capaz de mostrar signos de dignidad intacta: que el ser humano es esencialmente digno y magnánimo.
Y aunque el ser humano actual -a pesar de las expresas y reiteradas proclamaciones de su propia dignidad- suele tener un concepto muy bajo de sí mismo y se comporta a menudo con inaudita vileza; es también cierto que, el hundimiento de un ser determinado constituye una prueba irrefutable de su nobleza posible, tanto mayor cuanto más grande ha sido su caída. "No ofende quien quiere, sino quien puede". Si el hombre desciende a abismos de vileza es, justamente, por su nobleza original.
Entonces, aquí a mi entender, aparece una relación entre una llamada dignidad esencial (ó nobleza) y coherencia; ¿acaso podría ser de otra forma?, ¿acaso podría convivir la coherencia con la ambigüedad moral, y seguir llamándose coherencia?…
Pero, ciertamente ser coherente en un lugar donde las voluntades se compran, o las opiniones se venden al mejor postor no es nada fácil…”pareciera que la vida para muchos no es otra cosa que un pálido reflejo, que una humilde sombra cotidiana, áspera, entrañable y dolorosa realidad. Un trozo de vida narrado sin reticencias, sin extrañas tragedias, sin caridad, como la vida discurre, exactamente como la vida discurre. Queramos o no queramos. La vida es lo que vive, en nosotros o fuera de nosotros; nosotros no somos más que su vehículo, su excipiente como dicen los boticarios. Somos un torrente de gentes que a veces son felices, y a veces no...[1] donde la conclusión es siempre la misma: el mundo no es un paraíso e igual hay que seguir adelante…La degradación y el envilecimiento humano, síntomas claros de la crisis de la civilización contemporánea, están más generalizados en nuestros días que en cualquier otro periodo de la humanidad. Los atentados contra el hombre, realizados según se dice, en nombre de su dignidad, han adquirido un grado de crueldad y refinamiento difícil de imaginar en épocas pasadas. La banalización de la sexualidad es un fenómeno habitual. La pobreza, la violencia y la tortura, formas extremas ambas de atentar contra la persona y su dignidad, forman parte de la vida cotidiana.
La coherencia, pues, en este escenario necesita de una voluntad por mantener la dignidad intacta, una voluntad que la haga realidad. De otra manera la coherencia no se hará presente, me atrevería a decir que no es gratuita: necesita de fuerza moral, nadie nos la otorgará: tenemos que conseguirla a pulso.
De ahí, creo viene, la principal dificultad para conseguirla y mantenerla.
De hecho, la pertenencia a una asociación o credo determinado no es garantía de coherencia. Los ejemplos sobran, incluso en la Iglesia o en los movimientos que la conforman. Son la libertad personal y la voluntad las que determinan en mucho la coherencia en ese nudo llamado acto.
También habría que decir que creer en la coherencia, a fin de cuentas, supone fe en la dignidad del ser humano y confianza en su voluntad, en la eficacia de su esfuerzo, en el porvenir. Se ha dicho que "uno de los fenómenos más sobresalientes de nuestros días es la ambigua situación de la dignidad humana”. La coherencia corrige esa situación y nos lleva incluso más allá; al decir de José Enrique Rodó…”La energía de la palabra y el ejemplo (la coherencia) puede llegar hasta incorporar las fuerzas vivas del pasado a la obra del futuro[2].
Javier Sánchez A.
23-05-04
Coherencia.. es el perfil del ser humano para llevar el camino de la vida.
ResponderEliminarMuy buena perspectiva,